¡EL PUEBLO MÁS NUEVO! 2 parte


Lo primero que hay que destacar de esos líderes guiados por don Luis Roberto Ballesteros Vesga fue que TOMARON CONCIENCIA DE SU DESGRACIA (persecución política y discriminación ciudadana por parte del sector liberal dominante) Y DECIDIERON AFRONTARLA. Como no los querían en su propio pueblo por la estúpida e irracional actitud politiquera de unos pocos conciudadanos, decidieron fundar uno que les permitiese albergue, paz y desarrollo. Sin que estos campesinos incultos lo supieran o se lo propusieran, hicieron lo mismo que el pueblo judío moderno hizo en Israel: andaban como ‘judíos errantes’ por todo el mundo, malqueridos, mal vistos y aborrecidos; ello los condujo a decidir fundar su propio Estado y lo lograron. Y al igual que éstos, los villanuevas calcaron, sin saberlo, el proceso. Mientras los israelíes erigían y construían su Estado tuvieron que mantener con un brazo el arado en busca de su desarrollo y con el otro el fusil para la defensa y la supervivencia, los villanuevas debieron igualmente, sostener en una mano el azadón para domeñar la tierra y hacerla producir y en la otra la escopeta para defenderse de sus enemigos. El día en que se cree o establezca un escudo municipal estos símbolos no podrán faltar, porque son el resultado de una dura realidad vivida y soportada.
Luego de la toma de conciencia de su liberación y de su atrevida decisión, se convocó a la UNIDAD DE FUERZAS y a la SOLIDARIDAD; sin ellas todo sería imposible. ¡Cuando don Luis Roberto Ballesteros Vesga, el verdadero líder, convocó a los suyos el 8 de diciembre de 1947 a adelantar un bazar que tenía el único propósito de recaudar fondos para abrir la carretera que los uniera con San Gil y les permitiera separarse de Barichara, nació en la mente y el corazón de los asistentes la ilusión, la esperanza y la decisión de constituirse como un pueblo! Si su llamado no hubiera sido atendido por los vecinos o no hubiesen colaborado con ese propósito, no habrían podido recaudarse los $5000 que sirvieron para comprar las herramientas necesarias para iniciar los trabajos de apertura de la vía, el siguiente 1 de marzo de 1948.
La unidad de fuerzas y voluntades junto con la solidaridad ciudadana, desde el inicio, constituyeron el secreto de la consecución de lo propuesto. No sólo lograron la apertura de la nueva vía hacia San Gil sin valerse de Barichara, sino que sobrevinieron muchas otras: el comercio directo con la capital de la provincia que permitió la ’exportación’ de sus productos y la ‘importación’ de muchos más y, hasta de otras ciudades; el servicio de transporte local, originado por el camión llamado ‘El Gavilán’ de copropiedad del fundador y de mi padre Alfredo Gómez Jiménez; la construcción de nuevas casas para residencia de más vecinos; la construcción de una capilla para los servicios religiosos y luego la Casa Cural, nueva escuela, cementerio y el servicio elemental de energía con motor diésel.
Además de estos pequeños grandes logros lo más interesante de este binomio (unidad de fuerzas y solidaridad) fue lo que sobrevino. Estaba abonado el terreno para crear una base económica que confrontase al menos, la precaria y pobre economía del poblado que vivía de la siembra y cosecha del tabaco, fundamentalmente. Dada la pobreza y sequedad de las tierras no podía sostenerse ninguna ganadería; el tabaco a su vez, requería de los abonos (químicos durante mucho tiempo) que a su turno empobrecían más los suelos. Las fuentes de agua escaseaban, o eran distantes o se carecía de la tecnología y de las técnicas para su aprovechamiento. La única empresa existente se llamaba Compañía Colombiana de Tabaco, con sede en Medellín; ésta se convirtió desde 1950 en la esperanza ilusoria del trabajo campesino y muy pronto se tornó en una explotadora impía del mismo. Todo bajo la apariencia de la seguridad de la compra de la hoja, del préstamo de créditos para la siembra y cultivo, para la obtención de los insumos y el aseguramiento de la comercialización. La terrible e infame realidad era y fue distinta hasta su extinción en 1993. La ‘Colombiana’ como la llamaba la gente constituía un monopolio: tenía el censo de la totalidad de los productores de la hoja; como estos eran campesinos pobres (la absoluta mayoría sembraba y cosechaba en tierra ajena pagando arriendos en especie o en dinero al dueño de la misma), carecían de medios para adquirir la semilla, sembrarla, cuidarla y procesarla, la Colombina les hacía suscribir un pagaré con fiador solidario sobre el préstamo o adelanto; ella les vendía los insumos a precios sin control alguno, los fungicidas, el abono químico y los empaques; toda la producción debía parar en la compañía, cuyos funcionarios supervisores se abrogaban el derecho de rechazar el producto por presunta mala calidad (por ejemplo, que estuviera húmedo o mohoso), o fijarle un precio bajo al que consideraban de regular calidad; pese a todo, los precios eran fijados arbitrariamente por la empresa; de la cuenta final se ‘descontaban por la derecha’ todos los anticipos dados por la empresa al productor a quien quedaba un saldo ínfimo. Era obvio que todos los riesgos de siembra y cosecha corrían por cuenta del campesino productor quien tampoco contaba con seguro de cosecha alguno. Todo lo anterior unido al trato déspota dado al campesino productor y a las medidas antitabaco a nivel mundial, hicieron que la producción de la hoja disminuyera no solo en la región sino en todo el país. A partir del año 1993 se empezaron a cerrar los centros de compra y/o de acopio de la hoja no solo en Villanueva sino en la provincia guanentina, Santander y el país (recuérdese lo sucedido con las plantas de la Compañía Colombiana de Tabaco COLTABACO y la de Protabaco en San Gil, hace pocos años).
Los campesinos villanuevas poco a poco cambiaron la mono producción del tabaco por el cultivo del fríjol, lo cual ha permitido constituir al municipio como EL PRIMER PRODUCTOR DE FRÍJOL EN SANTANDER, con menos daño a la naturaleza y con la mejora del medio ambiente, ya que se proscribieron los abonos químicos que se remplazaron por los orgánicos de la gallinaza y pollinaza. En la actualidad solo se produce un 5% del tabaco que se cosechaba en épocas pasadas pero ahora, fuera de la variedad criolla de cultivan la de Virginia y Burley, cuya calidad y precio es muy superior.
Lo que se explicará más luego con la puesta en marcha del nuevo modelo de economía local es digno de mención nacional y permitirá entender el porqué de la aseveración sobre el increíble grado de desarrollo de un pueblo recién fundado. (CONTINUARÁ).

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